Andai Timbó: 04/05/1868

mayo 4, 2019

Culminada la acción de la antevista en Yasy-y el coronel brasileño Barros Falcón se posiciona con su tropa algo más al sur de dicho lugar, en el punto denominado Andai, donde construye un reducto que intercepta por completo el camino paraguayo Timbó Humaitá. El coronel Bernardino Caballero, en conocimiento del hecho, sale de Timbó con cuatro batallones de infantería y dos de caballería desmontados. Conveniente mente próximo al objetivo, Caballero se desprende de una parte de sus tropas, a la que deja a modo de reserva, y con la otra ejecuta un movimiento de descubierta sobre las posiciones enemigas. Los exploradores se entusiasman y del reconocimiento pasan al asalto, llegando a penetrar dentro del reducto, bajo fuego horroroso que sobre ellos hacia el enemigo. Como el propósito no iba más allá del sondeo, Caballero ordena la retirada, antes de empeñar su reserva. Sufren los paraguayos unas 300 bajas; las de los brasileños no pasan de 50 (Rolon; 1964: 121).

El 4 de mayo de 1868, el coronel Bernardino Caballero, jefe de las fuerzas de Timbó, cumpliendo instrucciones del Mariscal López, dispuso que el teniente coronel Juan Manuel Montiel, al frente de un contingente de 3.000 hombres llevase una ataque al reducto que los aliados habían erigido en Andaí. Supo el Mariscal que dicho reducto, a pesar de ser fuerte por la naturaleza del terreno y la cantidad de artillería, era accesible por el lado del río, solo defendido por los acorazados apostados en frente, y decidió que se sacara provecho de esta coyuntura.

Comprendiendo el coronel don Bernardino Caballero, comandante de las trincheras de Timbó, que no podría, con aquellas fuerzas enfrente, cumplir su importante misión de abastecer de provisiones a la guarnición de Humaitá, organizó tres mil hombres de infantería y caballería, y los mandó a las ordenes del teniente coronel Montiel a ocupar las posiciones más ventajosas en las cercanías del reducto enemigo, el día 4 de mayo. Cumplida la orden, toda la mañana de dicho día la pasó el comandante Montiel sin resultado alguno; pero a eso de las cuatro de la tarde salieron del reducto enemigo tres batallones de infantería con el fin de recoger leña por las inmediaciones. Sin perdida de tiempo mandó el comandante Montiel cargar aquellas fuerzas con tropas, a lanza, sable y bayoneta, y tal espanto y confusión produjo en ellas, que ni siquiera pretendieron defenderse, antes al contrario, emprendiendo frenética fuga, iban sembrando el campo de muertos y heridos. A pesar de que tanto (Cardozo VIII; 1976: 342) las baterías de Andaí como los cañones de de los acorazados protegían a los derrotados, el comandante Montiel no cesó de perseguirlos hasta el mismo reducto, ocasionándoles más de cuatrocientos muertos e incalculable número de heridos. Por nuestra parte hemos tenido once oficiales, ciento setenta soldados muertos, y dieciséis oficiales con doscientos dieciocho soldados heridos.

El general Rivas, que comandaba las fuerzas aliadas, hace este relato: “Luego que se me incorporó la columna brasileña al mando del coronel Rego Barros Falcao, comenzamos a fortificar con trincheras y abatises al campo que ocupamos, cuya retaguardia se apoya en el río dominado por la escuadra teniendo en frente un gran laguna y en los flancos trincheras que principian en el río Paraguay y termina en la laguna de enfrente. La posición es magnífica y se pude en ella resistir a cualquier numero de enemigos. Ocupábamos esta posición cuando con el atrevimiento conocido de los paraguayos vinieron a darnos un ataque frontal pretendiendo hacernos abandonar el terreno, pero, como es natural, en medio de un bosque tan denso… en menos de una hora y media se consiguió la más completa victoria, repeliéndose al enemigo, que dejó en nuestros abatises y trincheras cerca de 400 muertos, muchos prisioneros, así como armamento que se está recogiendo. La victoria pertenece a los brasileños porque en el flanco derecho que ellos guarnecen fue el que recibió el asalto y ellos exclusivamente lo repelieron (Cardozo VIII; 1976: 343).

 

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